Una vela
Era como cuando dicen que caminas directo al precipicio. Solo que en ese momento estaba en bicicleta, lo cual era peor porque iba a llegar más rápido. El precipicio en este caso representa la flor de cagada a pedos que me iba a comer de parte mi viejo. Y en esas 57 cuadras, la rueda dentada que gira dentro de mi cabeza estaba quemando motores, absorbiendo todo mi poder cerebral para hacer foco en las docenas de hipótesis catastróficas que se desencadenarían una vez que llegue a casa. Si es que seguiría siendo mi casa después de esto, ya que una de los futuros viables según mi pequeña computadora mental era la famosa patada en culo que te hace volar y aterrizar en la vereda cual tom y jerry, con un palo de escoba y un pañuelo en la punta sosteniendo las 5 o 6 pertenencias que llegase a rescatar previo a que me corran por los pasillos de mi, ahora y según mi cabeza, ex hogar. Debo confesar que parte de mis elucubraciones maquiavélicas son secundarias a mi...