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Ya salvaste alguien hoy?

Tres números y el botón verde. Solo eso. Cuatro clics, que ni siquiera hacen ruido. Solo cuatro movimientos con un dedo de la mano pueden salvar a alguien hoy en día. Eso lo separaba de conservar una vida en el mundo.  Había sacado el celular del bolsillo antes de que el ruido termine, antes de que los vidrios hayan quedado quietos en el piso. Pero se detuvo.  Miró los alrededores. Nadie. Solo el, su teléfono y una persona que acababa de atravesar un vidrio y caer del cielo. Casi al unísono que terminaron de aterrizar  lo s vidrios empezó a lloviznar.  Se alejó unos pasos y levantó la mirada. Un edificio de tres pisos, completamente vidriado con ventanales amplios conectados unos a otros. Solo faltaba la primer ventana del primer piso. Justo por encima de donde había caído la persona que ahora se encontraba quieta en la vereda. Completamente quieta. Dentro del edificio no se veía nada.  No era tarde pero estaba oscuro. Se encontraba a mitad de cuadra y no podía...

Una vela

    Era como cuando dicen que caminas directo al precipicio. Solo que en ese momento estaba en bicicleta, lo cual era peor porque iba a llegar más rápido. El precipicio en este caso representa la flor de cagada a pedos que me iba a comer de parte mi viejo. Y en esas 57 cuadras, la rueda dentada que gira dentro de mi cabeza estaba quemando motores, absorbiendo todo mi poder cerebral para hacer foco en las docenas de hipótesis catastróficas que se desencadenarían una vez que llegue a casa. Si es que seguiría siendo mi casa después de esto, ya que una de los futuros viables según mi pequeña computadora mental era la famosa patada en culo que te hace volar y aterrizar en la vereda cual tom y jerry, con un palo de escoba y un pañuelo en la punta sosteniendo las 5 o 6 pertenencias que llegase a rescatar previo a que me corran por los pasillos de mi, ahora y según mi cabeza, ex hogar.      Debo confesar que parte de mis elucubraciones maquiavélicas son secundarias a mi...

I - Circulos de café

     Volví caminando pesado del consultorio. Pesado como el calor de enero en la ciudad, atravesando asfaltos que hacen de estufa, veredas de baldosas rotas repletas de arboles igual de pelados que los porteros que por desidia o por envidia (yo creo que las dos) no los riegan. Por fin había llegado a la puerta del departamento de Pringles y Potosí, lo que significaba poner en pausa mi odio citadino -aunque sea hasta mañana- dije y entré.       Quilombo, papelerío arriba de la mesa con círculos de café tatuados, tazas sucias desprolijamente desparramadas, algunas con colonia fúngica propia. Quilombo, libros abiertos, marcados, empezados pero no terminados, posando en todas las superficies planas del lugar. Quilombo también en la cocina, además de lo que bien se imaginan, la gata no tiene mejor idea que romper su bolsa de comida y desparramar por el piso esas pelotitas marrones que parecen mierda de ratón. Quilombo. Mi quilombo. Todo estaba tal cual lo h...

Comienzos

     Cuantas veces comenzamos?      Cada comienzo... es un desafío?       No lo se, y tengo mas incertidumbres que certezas, lo que me me genera una extraña seguridad de que este es el camino... correcto? Rara palabra que no me convence... llamémosle, sencillamente, bueno.       De lo que no tengo dudas es que esto es para mi un nuevo comienzo y un alto desafío. Nunca escribí públicamente y a partir de hoy eso cambio. O mejor dicho cambiará una vez que presione publicar. Quiero hacerlo, se que quiero y no lo dudo, pero eso que habita en nosotros a veces, o al menos en mi y que yo intento universalizárselo a todo ser humano para sentirme menos loco y mas acompañado, ese automatismo que aparece cuando ponemos en pausa la conciencia si tiene dudas, o temor... temor a que? no lo se y él, creo yo, que tampoco.       Miedo, parálisis, dudas...  han estado al mando pero ya no mas. Ahora son un recuer...